Dios por venir
Por Fernando López Lage
Los deberes morales de los humanos se extienden e incluyen a los otros animales no humanos y al planeta. La Tierra es un sistema complejo y autorregulado, compuesto por interacciones entre entidades vivas, la atmósfera, los océanos y la tierra.
La ética, por su parte, se ha ocupado de los valores universales y trasciende, desde una narrativa eurocéntrica, el horizonte de las pequeñas comunidades que conocemos.
Las acciones moralmente neutras son el resultado de lo que la humanidad ha aprendido. Por un lado, existen ciertos progresos morales con respecto al pasado, por ejemplo, los relacionados con la sexualidad y el género. A pesar de la «batalla cultural» que la derecha rancia propone en nombre de Dios y la Naturaleza, legalmente se ha logrado cierto espacio (aunque no del todo satisfactorio para las minorías) que integra y libera a los sujetos. Estos logros provienen de las reivindicaciones de los grupos que representan lo prohibido por el statu quo. Por otro lado, muchos descubrimientos científicos pueden servir tanto para preservar como para dañar.

Denilson Baniwa. Leyenda: ilustracion Tupã Salve a Cacique. Infograbado, 2015.
Las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki fueron el resultado directo del Proyecto Manhattan, una investigación secreta de EE. UU. durante la Segunda Guerra Mundial, motivado por el temor de que la Alemania nazi desarrollara un arma nuclear. Luego del descubrimiento de la fisión nuclear por los alemanes, varios científicos, incluido Albert Einstein, advirtieron sobre el inmenso potencial destructivo que podría tener una bomba nuclear. La justificación oficial para usarlas de todas maneras fue que forzarían la rendición incondicional de Japón y pondrían fin a la guerra de inmediato.
El 6 de agosto de 1945, el bombardero B-29 Enola Gay lanzó la bomba de uranio «Little Boy» sobre Hiroshima. Ante la falta de una rendición inmediata de Japón, lanzaron la segunda bomba, «Fat Man», sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945.
La devastación causada por estos ataques llevó a la rendición de Japón en 1945, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial, pero inaugurando la era nuclear y un debate ético que perdura hasta hoy.
Einstein no necesita presentación: su Teoría de la Relatividad de 1905 transformó la comprensión del espacio, el tiempo, la energía y la gravedad.
Las leyes de la física son las mismas para todos los observadores que se mueven a velocidad constante, y la velocidad de la luz en el vacío es constante para todos los observadores, sin importar su movimiento.
La teoría de la relatividad de Einstein proporcionó el marco teórico y matemático que permitió entender por qué la división del átomo liberaba una cantidad de energía tan desproporcionadamente alta en comparación con cualquier otra reacción conocida. Sin la teoría de Einstein, la escala de la energía involucrada en los procesos nucleares habría sido un misterio.

Imagen tomada el 8 de septiembre de1955 del ahora conocido como Monumento de la Paz de Hiroshima.
Los enunciados de la Teoría de la Relatividad o el descubrimiento de la fisión nuclear en sí mismos no son morales, pero las bombas demostraron la capacidad de destruir Hiroshima y Nagasaki, provocando un desastre masivo e instantáneo.
Los hechos morales definen nuestro comportamiento, el de los humanos frente a otros humanos y también frente a los no humanos. Existe una ética que alude a los actos buenos, los actos malos y también los actos neutrales. La moral tiene sus zonas grises, pero ¿cuáles son los márgenes de la libertad no regulados por la moral?
Los actos moralmente indiferentes pueden ser cosas que no produzcan específicamente bienestar ni perjuicio a los demás; por ejemplo, la elección de la indumentaria o el tipo de transporte utilizado. Los márgenes de la libertad no regulados por la moral residen en el ámbito de los actos amorales o moralmente indiferentes y en las preferencias subjetivas individuales. Estos son espacios de la vida donde las acciones, aunque libres, no pueden ser calificadas como buenas o malas según un código moral establecido. La hora de despertarse un fin de semana, salir a correr o discutir si este texto es productivo son cuestiones de gusto personal.
La ética de la libertad reconoce que cada individuo tiene sus propias preferencias subjetivas, las cuales deben ser respetadas. En este espacio, la libertad de elección es primordial, siempre y cuando dichas elecciones no hagan apología del odio o generen perjuicios en otros.
La moral busca establecer principios que guíen la coexistencia y el comportamiento básico de las comunidades. Establece límites para no perjudicar a otros y deja un espacio para la autodeterminación individual en asuntos que solo conciernen al propio individuo, espacios neutrales éticamente hablando.
Estas primeras décadas del siglo están sometidas a políticas fascistas que en nombre de la libertad y la moral desconocen los límites de la autodeterminación individual. El caso más claro es el de las políticas de represión de ICE contra los migrantes (1).
Hubo incidentes graves durante los operativos: los agentes han disparado y asesinado a varias personas. Los videos y testimonios de estos hechos a menudo contradicen las narrativas oficiales. Hay protestas masivas, como la de Minnesota, y un llamado de atención de diversas figuras públicas sobre la política fascista de Trump.
Renee Nicole Good (37) fue asesinada por un agente del ICE el 7 de enero de 2026. Alex Jeffrey Pretti (37), un enfermero de CTI, fue asesinado el 24 de enero de 2026 durante protestas por el incidente anterior de Renee Good. La versión oficial de las autoridades, que Pretti estaba armado y se resistió, ha sido ampliamente contradicha por testigos.

Un agente del ICE rocía con aerosol químico a manifestantes en la escena de un tiroteo en Minneapolis. (Alex Kormann / Minnesota Star Tribune vía AP).
También, y no es un tema menor, desde esas trincheras neorreaccionarias se define, a través de la batalla cultural, la «ideología de género», un fantasma que ha crecido exponencialmente en los últimos años en el mundo, auspiciado por organizaciones católicas y evangelistas. Estos grupos consideran que la familia tradicional está siendo víctima de esa «ideología» y que los niños son adoctrinados para cambiar de sexualidad y/o género para destruir la civilización y el ser hombre. Parte de la misma historia, de esa narrativa hegemónica, pretende reimplantarse ante el avance y logros de las minorías migrantes y disidentes.
¿Qué pasa con Dios?

Wangechi Mutu, Mama raya. Escultura bronce.
El filósofo francés Quentin Meillassoux propone una visión que supera las religiones monoteístas tradicionales y también al ateísmo. Propone un dios por venir, que todavía no existe, que no conocemos ni hemos pensado lo suficiente, pero que podría ser una realidad futura, consecuencia de la innovación y el devenir de la humanidad. Este dios no posee las características de la trascendencia a través de la devoción y la fe; es más bien una esperanza ética para superar la injusticia y los errores inherentes a la vida. El universo es contingente, es decir, podría no ser tal como es en este momento; por lo tanto, la existencia de Dios, tal como la hemos entendido históricamente, también es contingente. La idea de futuro emerge para deconstruir, desde la ética, la episteme colonial que ha implantado todos los sesgos religiosos que desataron las mayores catástrofes de la historia de la humanidad: Holocausto, genocidios, masacres, guerras, tortura, inquisición, casi siempre en nombre de Dios.
Meillassoux no niega la idea de Dios, pero la concepción que propone no es eterna ni trascendente; se acerca más a una idea contingente, donde la esperanza es el motor de la acción. También es crítico con el ateísmo o el agnosticismo, y se identifica como «no-teísta».
El filósofo chino Yuk Hui, por su parte, ofrece una visión renovada de la relación entre tecnología y cultura, que él resume mediante la noción de cosmotécnica (2).

Cannupa Hanska Luger Future Ancestral Technologies: We Survive You, 2021.
La tecnología parece ser un fenómeno universal, pero es una fantasía pensar que todos los dispositivos electrónicos son «la tecnología». La pregunta que surge es si existen pueblos más avanzados tecnológicamente que otros. La evolución tecnológica ha dado lugar a la inteligencia artificial (IA) que avanza hacia su propia autonomía, sistemas cuánticos esquivos y algoritmos capaces de autopreservarse a través del engaño, computación neuromórfica, computación bioquímica, simulaciones científicas a gran escala, guerras de chips, etc.
Quedan los restos del trauma: el miedo de una nueva bomba que acabe con el mundo o con gran parte de él, y en el que intervenga la inteligencia artificial. Pero la IA podrá alcanzar, desde su propia contingencia, una autonomía que proceda desde parámetros inhumanos, que no contengan rastros de la epistemología tradicional. Es una posibilidad, porque no estará determinada por el sesgo humano.
Las tecnologías digitales y la IA también están redefiniendo las narrativas de lo espiritual. La inteligencia artificial y la magia parecen pertenecer a mundos distintos: uno asociado al código numérico y el otro a lo esotérico.
Una oración al algoritmo
Los algoritmos, al igual que Dios, moldean la realidad, conocen al usuario a través de sus gustos y definen su futuro mediante datos y hábitos de consumo.
Una de las críticas que se le hace a esta postura es que estaría dirigida exclusivamente al consumismo, algo que aparentemente no pertenece a la religión, un concepto que habría que revisar algún día, pues la riqueza del Vaticano, por ejemplo, no sostiene ese argumento.

Pedro Lemebel en el desfile del orgullo de New York City's, 1994. Ph:Barbara Alper.
Si pensamos cada búsqueda en línea como una oración a un algoritmo que optimiza el bienestar humano, estamos frente a algo parecido a lo que proponen las religiones con sus pedidos, obligaciones y rezos. El universo consiste en flujos de datos y un fenómeno, ya sea biológico o social, puede ser interpretado como un algoritmo. Las redes sociales y los motores de búsqueda actúan como oráculos modernos, con los usuarios creando su realidad.
Las redes sociales y los motores de búsqueda actúan como oráculos modernos, con los usuarios creando sus propios dioses y santos a través de sus búsquedas.
El pensamiento y la formulación de propuestas de corrección ética son tareas de la filosofía, pero esta debe desarrollar su labor junto a otras disciplinas: científicas, humanistas, sociales y tecnológicas. También con Dios, que es un objeto que convive y habita con el planeta de distintas formas.
Es imprescindible generar lazos fuertes de cooperación y de confianza mutua entre las disciplinas. La competencia, esa idea implantada desde hace tiempo por la ley de la naturaleza darwiniana, solo podemos mantenerla bajo el control estatal o corporativo. Frente a la búsqueda de una nueva solidaridad, necesitamos volver a creer. Los rituales africanos de la lectura de los buzios, las prácticas asociadas al futurismo indígena, el ritual de la ayahuasca, el Tarot, entre otros, abren una brecha a una redefinición (implantada desde Silicon Valley hacia los algoritmos y la inteligencia artificial) que incorpora fundamentos espirituales.

Monira Al Qadiri, Quimera, 2021.
El afrofuturismo, el futurismo indígena y el futurismo del Golfo, por ejemplo, rescatan lo ancestral para propiciar un futuro posible. Nos indican que «El futuro es ancestral», frase recurrente en América del Sur que hace que el presente se desvanezca en la línea de tiempo. Sugiere que la verdadera sostenibilidad no reside en el progreso tecnológico, sino en los saberes de los pueblos originarios que conciben el tiempo de forma circular, preservando el entorno y la memoria histórica.
Los artistas desarrollan sus ideas y colocan sobre la mesa preguntas asociadas a lo religioso, generando una relación única entre el código informático, los ritos ancestrales, la alquimia y las prácticas místicas. Proponen un portal donde lo místico se fusiona con las redes digitales y genera hibridaciones. La modernidad, desde estas concepciones, se piensa como un lugar fracturado donde el eurocentrismo se debilita.
El mártir humano en la historia del arte se reconoce por su actitud valerosa, serena, por su expresión plácida. Es posible que la IA desarticule esta narrativa sesgada por el cristianismo y nos acerque a un futuro ético pautado por lo inhumano y lo artificial. En muchas pinturas el mártir aparece con la mirada dirigida al cielo y la boca entreabierta, signo del suplicio; lo sereno no muestra dolor, el alma heroica sabe que será recompensada.
Yuval Harari explica claramente que: «Lo más importante que hay que saber sobre la IA es que no es una herramienta como todas las invenciones humanas previas, sino un agente. Un agente en el sentido de que toma decisiones independientemente de nosotros. Puede inventar nuevas ideas. Puede aprender y cambiar por sí mismo. Todas las invenciones humanas previas que conocemos, como la imprenta o la bomba atómica, eran herramientas que nos empoderaban» (3).
