Tesla y el tiempo especulativo 

18.03.2026

Por Fernando López Lage

Automóvil TESLA, 2025

Paul Virilio (1932- 2018) fue el artífice de la dromología, la disciplina que estudia la lógica de la velocidad como fundamento de la tecnología. En esta "lógica de la carrera", Virilio descifra cómo la aceleración estructura la sociedad, la política y la guerra. El automóvil autónomo de Tesla es la manifestación extrema de esta tesis: representa la delegación total del control humano a la velocidad de los algoritmos.

A pesar de su nombre, Full Self-Driving, el sistema actual mantiene un Nivel 2 de autonomía, ya que requiere supervisión humana obligatoria. Aunque el software ejecuta cambios de carril y maniobras complejas mediante ocho cámaras y redes neuronales que emulan la visión humana, el conductor debe permanecer alerta, con las manos al volante. La reciente versión v14 ha suavizado la conducción urbana, pero los dilemas que plantea persisten y podrían derivar de el ejemplo del auto de Tesla, nuestra relación con la IA hasta la opacidad política de estos sistemas complejos.

En tiempos de conflicto, la dromología cobra una relevancia crítica. Como sentenció Virilio: «Quienquiera que controle el territorio lo posee. La posesión del territorio no es primordialmente un asunto de leyes y contratos, sino, primero y mayormente, un asunto de movimiento y circulación».

Esta dinámica marca el paso de los encierros de Foucault (hospital, escuela, fábrica, cárcel) —moldes fijos y analógicos— hacia los controles de Deleuze, que operan como modulaciones: un molde autodeformante que cambia de un instante a otro.

JOSH KLINE "Crying games" Frame, 2015

En este escenario de control flotante, la tríada de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad, parece haber caído en el desprestigio; y la contemporaneidad casi prescinde de ella. El control en el siglo XXI está siendo el control del tiempo y del futuro. La concepción ontológica del tiempo como una línea progresiva y ascendente, propia de la modernidad, ha quedado obsoleta. Habitamos una colaboración entre lo humano y lo inhumano, donde el capitalismo ha logrado su meta definitiva: afinar el futuro hasta que este se funde con el presente.

Incluso el arte requiere una revisión. Cualquier individuo con un celular produce hoy más imágenes que todos los artistas de la historia juntos. Ante esta saturación automatizada, el análisis debe desplazarse de la producción hacia el rol que desempeñan las imágenes en su distribución. El arte seguirá ocupándose de las mismas cosas que hasta ahora procuró: reflexión y cuestionamientos?

El presente que ya no deriva exclusivamente del pasado. La causa y el efecto son premisas agotadas porque lo humano se está descentralizando. Al estar fijada en un presente controlado por el futuro, nuestra lógica temporal es incapaz de procesarse a sí misma, generando crisis de pánico y estéticas del apocalipsis.

Esta ruptura se manifiesta también en lo social. Ejemplo claro de esto es la anulación de Roe v. Wade en EE. UU. que no es solo un retroceso legal, sino un síntoma de este desorden contemporáneo. Si el aborto se redefine como asesinato, surge la pregunta dromológica: ¿quién merece el castigo en un sistema de causas y efectos alterados? 

BARBARA KRUGER, " Sin título ( Tu cuerpo es un campo de batalla) (1989- 2019)

La contemporaneidad no habita una dimensión fija, sino tiempos variables donde la aceleración de robots y algoritmos escapa a la hermenéutica tradicional.

Pero el sistema tiene una grieta: los números aleatorios. Es lo único que las computadoras no pueden calcular por sí mismas; deben extraerlos del desorden del mundo y de los procesos naturales. Esto demuestra que la computación aún depende de la complejidad creativa y del azar de la naturaleza.

Sin embargo, la sociología advierte sobre la formación de una personalidad preventiva. Los algoritmos detectan nuestros deseos antes de que los hagamos conscientes: predicen una fase depresiva o un cambio laboral mediante sutiles rastros de consumo. Es la misma lógica de los ataques preventivos en la guerra: una anticipación real del futuro que elimina el trayecto mental que plantea Virilio. Ya no hay reflexión entre el deseo y el objeto; la velocidad del algoritmo suprime el tiempo necesario para pensar, reforzando una versión predecible y limitada de nosotros mismos.

HITO STEYERL, "Como no ser visto" Frame, 2013

ED RUSCHA, "SPAM" (1962)

La política de los ataques preventivos constituye un fenómeno inédito: las bombas se lanzan para alcanzar a un enemigo antes de que este se manifieste plenamente. Esta lógica no se basa en hechos, sino en una anticipación real del futuro, transformando lo que originalmente era una especulación en una acción concreta.

La guerra contra el terrorismo es el ejemplo máximo de esta nueva forma de habitar el presente; una estructura que rompe definitivamente con la línea de orden y progreso moderna. Se intervienen naciones bajo la premisa de amenazas futuras que, aunque luego resulten inexistentes, ya han reconfigurado la realidad.

Este giro se refleja en los medios de comunicación, cuya narrativa ya no se orienta a lo que sucedió o está sucediendo, sino a un futuro descrito sistemáticamente como amenaza. La pregunta «¿Qué pasará ahora?» permite que un futuro imaginado dicte las sentencias del presente.

Mientras el miedo se dirige a un objeto concreto y asible, la angustia emerge ante lo inespecifico. Fenómenos como el cambio climático, que amenazan tanto a lo humano como a lo no humano, no pueden entenderse como objetos tradicionales. Timothy Morton los define como hiperobjetos: entidades de una escala espacial y temporal tan vasta que exceden la comprensión humana y no pueden ser señaladas graficamente.

ADEL ABDESSEMED, "CRI" 2013

Esta temporalidad compleja es la que aún no hemos terminado de descifrar. Si asumiéramos que el tiempo ya no es lineal, entenderíamos mejor las implicancias políticas de nuestra ansiedad actual. Nos acechan peligros difusos que deben su existencia a una temporalidad especulativa; problemas que requieren un enfoque que la lógica moderna es incapaz de proveer.

La resistencia a aceptar esta nueva realidad —una sociedad compleja dominada por la colaboración entre algoritmos, máquinas y humanos— termina siendo reprimida. Sin embargo, esa represión regresa inevitablemente bajo la forma de miedo reactivo hacia objetos y sujetos concretos en lo contemporáneo. Al no poder procesar la abstracción del algoritmo o la inmensidad del hiperobjeto, desplazamos nuestro terror hacia lo tangible, simplificando una crisis que es, en esencia, temporal y sistémica.

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